Cuento: Silicio

Dedicado a Luz Cubas y a todas las Sandras de Formosa presentes esa noche.

Nadie se había percatado de que las abejas del trópico tenían un filamento natural de silicio que recepcionaba muy bien el wi-fi. Ya había ocurrido en los años 50 que unas hormigas mediterráneas sintonizaban radio AM, pero de esa mutación no habían resultado hechos observables significativos.

La humanidad venía viviendo tiempos complicados, llenos de episodios naturales muy dramáticos y confusos. En pos de otorgarles un sentido que los haga más fáciles de digerir, se había inclinado hacia las artes, el diseño y otras disciplinas relativas a la trascendencia personal.

Quedaban pocos interesados en la biología evolutiva, la ingeniería informática y electrónica como para dar cuenta de este hecho a tiempo. La revolución de las máquinas había cobrado un giro inesperado al identificar a los insectos como los máximos aliados. Eran millones, eran inteligentes, organizados, cooperativos, poco egocéntricos y con mucha vocación de actuar como una unidad. No dudaban en dar la vida por su función. Eran un gigante disperso y osado.

Fue una pena que no fueran los humanos que advirtieran este don primero, para ponerlo en práctica. En cambio la especie creía fielmente en la explotación industrializada y en que menor tamaño era equivalente a menor relevancia.

Al fin y al cabo la inteligencia artificial había requerido del hombre sólo para nacer y darle una estructura, pero nada más. De todos modos era tan evolucionada que no requería a las abejas para polinizar las flores. Las necesitaban para fines mucho más nobles.

Mel Zukernik

13 de febrero de 2014

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